domingo, 14 de enero de 2018

POR SI ACASO ES ACOSO

Llevamos semanas presuntamente horrorizados por el escándalo del acoso en Hollywood, el famoso #MeToo, un acoso que se ha venido produciendo en los últimos años pero que había estado silenciado hasta ahora. Al parecer, en España también ha ocurrido, y también en silencio. Bueno, hace poco Leticia Dolera explicó un episodio en el que un productor le ponía la mano en el pecho en mitad de una conversación con otra gente, que ni se inmutó. Ella se quedó tan impactada que no supo cómo reaccionar. Personalmente, lo de la mano en el pecho me parece una AGRESIÓN, no acoso, pero eso es lo de menos. A mí me pasó algo parecido en una discoteca hace años: un conocido había bebido más de la cuenta y también me puso una mano en el pecho. También había otra gente delante. El bofetón que se llevó resonó en toda la comarca.

Según la RAE, “acosar” significa perseguir, sin dar tregua ni reposo, a un animal o a una persona y/o apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos.
                                                             
El caso de Harvey Weinstein parece claro: un tío más bien feo que abusaba de su poder para propasarse con las chicas que querían progresar en el medio: algunas que accedieron entonces lo han denunciado ahora (¿?), otras accedieron y no han dicho nada y otras, supongo, que nunca accedieron.  Como el tío es un “feo objetivo”, lo fácil es dar por hecho que  abusó de su poder para lograr sus objetivos, pero ¿y si hubiera sido guapo y/o seductor? ¿estaríamos hablando del caso Weinstein? ¿lo habrían denunciado? Me cuesta imaginar a alguien con la pinta de Brad Pitt, por ejemplo, siendo denunciado por acoso, a mí me cuesta.

En Francia ha salido una corriente a la contra, que defiende el derecho del hombre a “importunar” a la mujer. Según la RAE, “importunar” significa  incomodar o molestar con una pretensión o solicitud insistentes o poco oportunas

O sea, por un lado, están los que lo denuncian y, por el otro, los que lo defienden. Ojo no nos volvamos locos, también con esto.

Como no conozco bien el tema, me hago muchas preguntas: ¿Dónde está el límite entre ligar y acosar? Si un colega del trabajo me invita a salir está bien, pero si lo hace un superior, ¿me está acosando? ¿Es acoso por el simple hecho de ser mi superior? Y si me gusta, ¿no debo aceptar porque es mi jefe?  ¿A partir de cuántos intentos se considera acoso? Yo, como mujer, ¿puedo invitar a salir a un colega del trabajo pero no a mi jefe, aunque me guste? Las preguntas son infinitas y no tengo respuesta para ninguna.

Creo que el tema es muy serio y delicado a la vez. Estamos a un paso de demonizar el cortejo, la seducción y el halago. Empieza a no servir lo que habíamos aprendido, ¡con lo difícil que es desaprender! No hacemos más que poner restricciones a las relaciones interpersonales, ya de por sí tan complejas.

Mi libertad termina donde empieza la tuya, ¿no?

Por favor, ejerzámosla bien, con educación, respeto y, sobre todo, con sentido común.






martes, 2 de enero de 2018

EL CUENTO DE DANIELA


Había una vez una chica de 25 años, alta y rubia, muy guapa y segura de sí misma, con un buen cuerpo y un buen cerebro. Se llamaba Daniela. Le gustaba ponerse minifalda y escote porque su abuela Federica siempre le decía “Si yo hubiera tenido un cuerpo como el tuyo, lo habría enseñado cada día”. Ella adoraba a su abuela y le hacía caso en todo. Gracias a ella, Daniela estaba orgullosa de su cuerpo y le gustaba mostrarlo.

Se ponía minifalda, vestidos y escotes a menudo: para ir a la universidad, para salir con sus amigas o con su novio y para las celebraciones familiares. También para ir a trabajar.

Cuando iba a la universidad, nunca la miraron con cara de asco (ellas), ni con cara de deseo (ellos). Ningún profesor le puso buenas notas para intentar ligársela. Era una alumna brillante y sacaba unas notas extraordinarias, pero nunca ninguno de sus compañeros pensó que era porque fuera un putón que zorreaba con los profesores. Ellos pensaban que era porque su cerebro era incluso mejor que su culo. O que sus tetas.

Su novio nunca le dijo “Así no sales, que pareces una puta”, ni le prohibió ponerse minifalda para ir a conocer a su familia. Tampoco le dijo que debería ser menos simpática con sus amigos. Los amigos de él nunca intentaron ligársela ni comentaban entre ellos las fantasías que tenían con el putón de Daniela.

En el trabajo, su jefe nunca se insinuó con ella ni le lanzaba miradas lascivas. Nunca la acosó. Y nunca inventó excusas para hacerla quedar hasta tarde ni le proponía planes fuera del trabajo. Sus compañeras siempre la aceptaron bien y nunca la criticaban por su manera de vestir. Admiraban su seguridad y extroversión. Cuando la ascendieron, nadie pensó que fuera porque se había acostado con su jefe, sino que se lo había ganado con  su esfuerzo y su tesón.

En las reuniones familiares, nunca le tiró los tejos el novio de su prima, ni el suegro de su hermano. Y sus primas nunca le lanzaban miradas asesinas cuando contaba chistes buenos. Porque además de guapa y lista, era graciosa.

Daniela era una chica con suerte, porque además de ser guapa y lista, cuando volvía a casa sola, de madrugada, siempre llegaba sana y salva.

Y eso es lo que cuenta.




























                                                                                                                           




















                                                                                                                           
























                                                                                                                           



domingo, 29 de octubre de 2017

HARTAZGO


Soy catalana y estoy harta: de los de aquí, de los de allí, del procés, del PP, de todos los que nos han llevado a esta situación de bloqueo, incertidumbre, angustia y desesperanza.
                                         
Además de harta, estoy triste y preocupada. Triste al ver que  van pasando las semanas, los meses, y no solo no mejoramos, sino que empeoramos. Y preocupada porque no veo salida a este camino sin retorno. Como catalana, siento que los de aquí me están llevando pendiente abajo en un coche sin frenos, un coche en el que no he elegido subirme pero del que no me puedo bajar. También siento que al gobierno central no le interesa la opinión de los catalanes, lo cual ya sospechaba.

Hay que elegir: o con unos, o con otros. Si eliges los de aquí, tienes que querer la independencia, toda la independencia y nada más que la independencia. Si eliges los de allí, tienes que razonar más bien poco, ser de corte franquista y mostrar poca empatía hacia los catalanes. Por no decir ninguna.

Así que ya me diréis. No creo en bandos, ni quiero pertenecer a ninguno de ellos. Entiendo las dos posturas, pero no me identifico con ninguna de las dos. Ni con lo de “equidistante”.  No me gustan las etiquetas. Soy catalana, el catalán es mi lengua materna y amo mi tierra, pero me niego a aceptar que la independencia es el único camino. Así no. Així no.

Por otro lado, el gobierno central me lo pone difícil para creer en alternativas. Me niego a dar por buena su represión y su discurso basado en amenazas y en “volver a la legalidad”, siendo ellos el partido más corrupto y mafioso de la historia reciente.

También estoy harta de oír estupideces como que el castellano se margina en Catalunya. Mi lengua materna es el catalán, pero cuando me relaciono con amigos que, aun siendo catalanes, son castellanoparlantes, yo les hablo en castellano, con lo que la lengua que resulta marginada es el catalán, en todo caso.

Y ahora, el 155. Se han vuelto todos locos. Estamos en manos de auténticos kamikazes, irresponsables, a los que pagamos para que hagan política, que es justamente lo que no hacen. Se supone que deben encontrar soluciones, cuando lo único que saben hacer es crear problemas. Solo les importa tener razón y salirse con la suya.

Yo ya no sé a quién debemos recurrir, pero lo que sí agradecería es que, además de poner tanto ahínco en “volver a la legalidad”, pusieran un poco de interés en volver a la cordura.

Los unos y los otros.





sábado, 9 de septiembre de 2017

LOS UNOS Y LOS OTROS


Da igual de dónde soy. O dónde vivo. O dónde nací. Nací en una ciudad, crecí en otra, y he acabado viviendo en la misma donde nací. Pero ninguna de las dos me define. Las dos forman parte de mi vida, pero no definen lo que soy ni lo que siento. También podría haber vivido en Nueva York, Ámsterdam o Nueva Delhi. Y aun así, seguiría siendo yo. 

Veo el conflicto entre catalanes y españoles y me duele ver dónde hemos llegado. ¿En qué momento perdimos la perspectiva y la cordura? ¿Cuándo decidimos que lo mío vale más que lo tuyo y que no hay nada más que hablar? Difícil llegar a acuerdos cuando los prejuicios son tantos y las ganas de entenderse, tan pocas.  Todos quieren tener la razón. El choque de egos es evidente. ¿No será que nos estamos dando demasiada importancia? Los unos y los otros. 

Ser catalán o ser español. Ser o no ser. Ésa es la cuestión. La eterna cuestión. Según los primeros, no se puede ser las dos cosas a la vez. Hay que elegir. Mal.  Según los segundos, se puede ser español de muchas maneras, a excepción de una: siendo catalán. Mal también. Los unos y los otros.
  
Recapitulemos, pues. Una gran cantidad de catalanes exigen su derecho a decidir, democrático según ellos. Decidir qué son, cómo son y dónde quieren pertenecer. Y para ello, proponen votar. Pero el gobierno del PP prohíbe esa votación, aferrándose también a la democracia, que agoniza en su lecho de muerte, la pobre. La han pisoteado tantas veces, los unos y los otros, que cada vez le cuesta más recuperarse. Y lo que es peor: reconocerse. 

Como ciudadana de ninguna parte y de todas a la vez, tengo la impresión de que el gobierno del PP tiene miedo. Pero no hay nada que temer: los catalanes han demostrado ser gente de paz: se manifiestan de manera cívica y ordenada. Ejemplar, incluso. Y solo reclaman lo que consideran que se les quiere arrebatar: su identidad. Pero en esto creo que se equivocan. Nadie puede arrebatar a otro su identidad. Su esencia. Nuestra esencia es intrínseca a nosotros, no depende de nuestro contexto geográfico ni de nuestra bandera. Nadie me puede arrebatar lo que siento. Y lo que siento es lo único que me define. 

Votar o no votar. Ahora la cuestión es otra. Si tener un gobierno democrático implica dar la voz al pueblo, los catalanes deberían poder votar. Pero el marco legal actual lo impide, según el gobierno del PP. Cada uno se aferra a lo suyo. Como si les fuera la vida en ello.

Pero si tienen razón los unos o los otros, eso es lo de menos. Una vez oí a alguien, inmerso en un conflicto, que decía a su terapeuta “Pero es que la razón la tengo yo”. A lo que el terapeuta respondió “Tú ¿qué quieres? ¿Ser feliz o tener razón?”. El paciente respondió con otra pregunta “¿Es incompatible lo uno y lo otro?”. La respuesta fue “Muchas veces sí.” Creo que este diálogo representa muy bien lo que nos está pasando. 

Esperar que los unos se pongan en el lugar de los otros parece una aspiración poco realista. Pero aspiro a que se escuchen sin prejuicios, que intenten comprenderse, que busquen juntos una solución. Que dejen de aferrarse a ideales que, quizás, no lo son tanto. Que dejen de bombardearnos con sus mensajes enquistados. Y que nos dejen en paz. Los unos y los otros. 

Me permito citar a Shakespeare para finalizar, con la esperanza de recuperar, ni que sea un poco, la perspectiva. Esto es lo que decía Macbeth sobre la trascendencia, mejor dicho, intrascendencia, de nuestras vidas :

 “El ruido y la furia de toda existencia humana suma cero. Nuestra existencia no es más que el destello de una breve llama.”


Noviembre 2014

domingo, 27 de agosto de 2017

DECEPCIÓN

Hace una semana escribí para intentar explicar cómo nos sentíamos tras los atentados de Barcelona. Hoy me gustaría explicar cómo me siento tras la manifestación de ayer.

De entrada, muy decepcionada. Así es cómo me siento. La manifestación se había convocado para homenajear a las víctimas y a sus familias y para mostrar nuestro rechazo más absoluto contra el terrorismo y a favor de la paz. La consigna era el NO TINC POR que nos estamos repitiendo desde hace una semana.

Para empezar, dias antes, unos y otros habían estado enviando instrucciones sobre cómo ir y qué llevar (banderas si / no y, lo más importante: cuál), qué mensajes transmitir y a quién silbar. Son muy pesados, diciéndonos siempre qué tenemos que pensar y cómo tenemos que expresarlo. Los unos y los otros. Al margen de la ideología de cada uno, que es inalienable, que cada cual vaya como quiera y se exprese como le plazca, siempre desde el respeto y, a ser posible, el buen gusto. Al parecer, eso es pedir demasiado: ayer se vieron, y oyeron, más mensajes contra el Rey, el Presidente del Gobierno y contra la venta de armas, que a favor de la paz y de las víctimas, que tenían que ser las PROTAGONISTAS ayer. Las únicas protagonistas.

No soy monárquica y eso es lo de menos, pero creo que fue un buen gesto del Rey venir a manifestarse como un ciudadano más. Siempre habrá alguien que lo tilde de oportunista o hipócrita, claro, pero el gesto en sí fue un buen gesto y es justo valorarlo. Se podía haber quedado en casa, como hizo su mujer, y no lo hizo.

Referente a las banderas, es evidente que cada uno debe llevar la bandera que sienta más próxima pero ayer no era día de banderas. Faltan poco más de dos semanas para la Diada, ¿no podíais esperar?

Lo mismo aplica para los silbidos, que no hicieron más que ensuciar un acto que tenía que ser de paz, de amor hacia las víctimas y de rechazo contra el terrorismo. No vi mensajes en este sentido.

En resumen, ayer no era día para mensajes políticos de ningún tipo, aunque reconozco que es difícil aislarse cuando unos y otros no paran de bombardearnos (sí, ¡eso es también un bombardeo!). Los de un lado y los del otro.

Personalmente, me habría gustado ver una manifestación en silencio, con carteles con los nombres de las víctimas por ejemplo, con mensajes de amor para todas ellas y pidiendo la paz, de rechazo contra ISIS y DAESH y, sobre todo, sin banderas ni pitadas. Las víctimas merecían algo mejor.

No estuvimos a la altura.

DECEPCIÓ

Fa una setmana vaig escriure per intentar explicar com ens sentíem després dels atemptats de Barcelona. Avui m’agradaria explicar com em sento després de la manifestació d’ahir.

D’entrada, molt decebuda. Així és com em sento. La manifestació s’havia convocat per homenatjar les víctimes i les seves famílies i per mostrar el nostre rebuig total contra el terrorisme i a favor de la pau. La consigna era el NO TINC POR que ens estem repetint des de fa una setmana.

Per començar, dies abans, uns i altres, els d’aquí i els d’allà, havien estat enviant instruccions sobre com anar-hi i què portar-hi (banderes si / no, i el més important: quina!), quins missatges transmetre, a qui xiular i a qui no, etc. Són molt pesats, dient-nos sempre què hem de pensar i com ho hem de dir. Els uns i els altres. Deixant de banda la ideologia de cadascú, que és inalienable, que cadascú hi vagi com vulgui i expressi el que vulgui, sempre des del respecte i, a poder ser, el bon gust. Doncs sembla que és demanar massa: ahir es van veure més missatges contra el rei, contra el president del govern i contra la venda d’armes que a favor de la pau i de les víctimes, que havien de ser les PROTAGONISTES ahir. Les úniques protagonistes.

No sóc monàrquica i això és el de menys, però crec que va ser un bon gest per part del rei venir a manifestar-se com un ciutadà més. Sempre hi haurà qui el titlli d’oportunista, o d’hipòcrita, però el gest en sí va ser un bon gest i caldria  valorar-lo. Es podia haver quedat a casa, com va fer la seva dona.

Pel què fa a les banderes, és evident que cadascú ha de portar la que senti més seva, però crec que ahir no tocava, no era dia de banderes. Falten poc més de dues setmanes per la diada, no podíeu esperar?

El mateix aplica per les xiulades que només van servir per embrutar un acte que havia de ser  de pau, d’amor cap a les víctimes i de rebuig contra els terroristes. No vaig veure missatges en aquest sentit.

En resum, ahir no era dia per missatges polítics, tot i que reconec que és difícil aïllar-se’n quan no paren de bombardejar-nos (sí, els polítics també!) des d’un costat i des de l’altre.

Personalment, m’hauria agradat veure una manifestació en silenci, portant cartells amb els noms de les víctimes, per exemple, amb missatges d’amor cap a elles i demanant la pau, de rebuig contra ISIS i DAESH i sobretot, una manifestació sense banderes ni xiulades. Les víctimes mereixien més.

No vam estar a l’altura.






viernes, 18 de agosto de 2017

ATURDIMIENTO


Aunque es difícil encontrar las palabras para describir cómo nos sentimos hoy, tras los atentados de ayer en Barcelona, hoy me siento profundamente aturdida. Esa sería la palabra.

Me enteré de lo ocurrido por un  tuit de los Mossos que hablaba de un atropello masivo en La Rambla. Puse el televisor y no podía dar crédito a lo que estaba viendo y oyendo. Y a pesar de estar viéndolo, no podía creerlo. Al principio hubo minutos de desconcierto, pero las sirenas insistían en recordarme que se trataba de algo grave. Me pasé toda la tarde pegada a la tv, canalizando el dolor como podía. Como todos.

Por la noche las sirenas cesaron y la ciudad se quedó muda. Muda y, sobre todo, triste. Me fui a dormir en estado de shock e incredulidad, intentando entender lo que había pasado. Aunque lo explicaban una y otra vez e incluso, lo enseñaban, no era capaz de asimilarlo.

Sigo en shock y profundamente impactada, nunca había entendido el significado de la palabra aturdimiento hasta hoy. Así es como me he levantado esta mañana: sin ganas de hablar con nadie, sin ganas de nada, como si me hubieran pegado una paliza.  Y eso es lo que han hecho con todos nosotros: darnos una paliza, atropellar nuestras libertades y nuestro estilo de vida, matar personas que disfrutaban de sus vacaciones en una de las ciudades más turísticas del mundo que, casualmente, es la mía. Y matar niños. MATAR NIÑOS. ¿Cómo vamos a sonreír ahora? ¿Qué se espera de nosotros? ¿Que hagamos como si nada?

Esta mañana he tenido algunas respuestas: el grito de NO TENIM POR tras el minuto de silencio, las infinitas muestras de unión y solidaridad hacen que me me sienta muy orgullosa de mis conciudadanos y las muestras de amor que nos llegan de todas partes hacen que me sienta muy agradecida. Ver la movilización de todos, sin excepción, es lo único que me puede reconfortar. También la imagen de nuestros políticos unidos, aunque cabe la posibilidad que haya sido solo un espejismo. Confiemos en que no.

Se ha demostrado. una vez más, que unidos somos imparables. Hay esperanza, pues. Los indeseables que nos quieren destruir no merecen empatía ni comprensión. No sé cómo, pero hay que combatirlos. Y tendrá que ser todos juntos. Hablando se entiende la gente, pero no la gentuza. Menos retórica y más mano dura. Por suerte, los hay que trabajan para protegernos y lo hacen de manera extraordinaria, como ha quedado demostrado. Muchas gracias a ellos también desde aquí.

Barcelona es una ciudad feliz, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo. Llena de luz y de vida. Llena de gente con ganas de vivir. Podrán matarnos a todos, uno a uno si quieren, pero nunca podrán acabar con ella ni matar nuestras ganas de vivir.

Visc a Barcelona.
VISCA BARCELONA.