miércoles, 23 de agosto de 2017

AMORES DE VERANO (2)

Era la noche del sábado 10 de julio de 2010. Lo recuerdo como si fuera ayer. Celebrábamos el cumple de Laia, que había sido el 8. No había grandes planes para esa noche, pero estábamos de celebración.
                                                                                      
Como era verano, fuimos a cenar a una terraza, éramos 7, todo chicas, el calor era asfixiante, pero lo pasamos bien y cenamos pizza de la buena, acompañada de buen vino. Estábamos en la zona de la Barceloneta, así que tras la cena dijimos de ir a tomar una copa por el Born, no llevábamos coche y era cuestión de ir cerca, dando un paseo. De las de la cena, solo 5 fuimos al bar. Nos metimos en uno de la calle Comerç que se llama MIX. Mi primera vez en ese lugar.

Como hacía tanto calor, me puse el vestido más fresco que tenía, escotado por delante y por detrás, pero largo y con vuelo. Sexy y romántico a la vez. Desde esa noche lo llamo “mi vestido de la suerte”. Llevaba el pelo suelto y, excepcionalmente, los labios pintados de granate, a conjunto con los tonos del vestido.

No había mucha gente en el bar, era pronto, pero la música estaba bien y estábamos animadas, aunque no todas. A la media hora de llegar, ya solo quedábamos Laia y yo. Estando las dos ya solas, nos entró un chico italiano muy educado: se llamaba Guido. Era simpático y estaba solo. No, no era guapo. Estuvimos hablando un rato con él, llevábamos 10 minutos más o menos cuando apareció él. Mejor dicho, ÉL. Recuerdo perfectamente que pensé “Ahí viene mi hombre”, nunca había sentido un flechazo hasta la primera vez que lo vi. Ahí venía él, con su camiseta verde caqui y sus bermudas color camel, abarcas menorquinas y pelo alborotado. Iba con dos amigos, pero eso da igual. Eran invisibles. Laia y yo estábamos al fondo del local, así que pude ver cómo entraba (parecía muy animado) y cómo avanzaba hacia nuestra zona, mientras el corazón se me ponía de 0 a 100 en 5 segundos.

Cuando se acercaba, pude decirle a Laia al oído “Me gusta el de verde”, a lo que ella respondió “Y tú le has gustado a él, ¿no has visto cómo te ha mirado?”. Pasó muy cerca de mí, su cara a menos de un palmo de la mía, y me miró de una manera que nunca olvidaré. Su mensaje era claro: me gustas. Hasta yo lo noté, y no es que me dé por aludida con facilidad, precisamente. Una mirada directa, a los ojos, el momento en el que me atrapó.
Pasó muy cerca, pero pasó de largo.

Laia y yo seguíamos con el chico italiano, pero yo ya no daba pie con bola ni oía lo que estaba diciendo, aunque el pobre se esforzaba. Laia se quería ir, pero yo no, porque mi flechazo seguía en el bar. Como Guido era simpático y educado, Laia me dijo “yo me voy, te quedas con él y  a ver qué pasa.” Así fue y me quedé a solas con Guido, aunque con poco optimismo, porqué pensé “¿Cómo se me va a acercar si ve que estoy a solas con otro tío?” 

A los 10’ de haberse ido Laia, el guapo se acercó con uno de sus amigos, y se puso a hablar conmigo, mientras su amigo le decía algo a Guido. Me preguntó el nombre y lo de siempre, vaya. Él se llamaba, y se llama, Samuel. Le dije “Qué nombre tan bonito”, por decir algo. Más que nada, porque no le podía decir “Me muero de ganas de besarte desde que te he visto”. Me contestó “Es un nombre bíblico”. Un gran dato, sin duda. Me contó que habían estado cenando en la Barceloneta (¡misma zona que nosotras!) y era tan guapo que su olor a fritanga casi me pasó desapercibido. Casi.

Yo no quise hacer un feo a Guido, así que lo integré todo lo que pude. Aunque los chicos no estaban muy interesados en hablar con él, ni él con ellos, claro. Samuel bebió tanto que yo no lo veía muy claro, pero su amigo me dijo “Tranquila, que hace mil años que lo conozco y nunca lo he visto borracho.” Segundo gran dato de la noche.

Pues su amigo mintió la mar de bien, porque Samuel se puso morado y pasaron olímpicamente de él y de su borrachera. Tanto bebió que acabó sentado en un sofá, con los ojos cerrados, sujetándose la cabeza con las manos y los pies fuera de las sandalias. Hasta los pies los tenía bonitos, por cierto. Y yo ahí, a su lado. Y Guido ahí, a mi lado. Tan apurado lo vi que fui a la barra a pedir hielo para ponérselo en la nuca. De poco sirvió, el tío seguía medio muerto, así que fui a buscar a sus amigos para decirles “Creo que Samuel necesita que le dé el aire”. Con la ayuda de Guido, lo sacaron del local como pudieron, porque él apenas se tenía en pie. De camino a la calle, la gran vomitona. Y yo ahí, con el hielo y la botella de agua para que no le faltara de nada. Y Guido ahí, para que no me faltara de nada a mí.

No hace falta decir que sus amigos volvieron a entrar al local y nos dejaron a Guido y a mí al mando. Nos sentamos en el bordillo de un escaparate de al lado: yo en medio de los dos. Samuel seguía con los ojos cerrados y yo dale que te pego con el hielo. Y Guido acariciándome el pelo, esperando su momento.

Estuvimos así hasta que cerraron el bar y sus amigos salieron. Lo metieron en un taxi y se fueron, no sin antes pedirme el teléfono: “Eres un sol, gracias por haber cuidado de Samuel, te llamaremos para invitarte a cenar, es lo mínimo que podemos hacer.”  

Fin del primer capítulo.













lunes, 21 de agosto de 2017

AMORES DE VERANO



Él se enamoró de ella en verano del 2001. Ambos tenían poco más de 20 años. Él era moreno y alto, ojos negros y rasgados, guapo pero muy tímido, romántico y enamorado del amor. Un Romeo moderno. Tuvo un flechazo en cuanto la vio. Fue una tarde de finales de agosto en la playa, cuando ella, su Julieta, había quedado con unas amigas que, a su vez, eran amigas de él. Así fue como se conocieron. Para él, uno de los momentazos de su vida. Ella era alta y rubia, no tan guapa como él y poco coqueta. Nunca tuvo mucho éxito con los chicos, así que entre que él no movía ficha y que ella no se daba por aludida, la cosa no prometía mucho.

Ella daba un poco de miedo, al principio, porque además de alta y guapa, parecía muy segura de sí misma y tenía mucha energía: hablaba rápido y gesticulaba mucho. Además, no mostraba ningún interés en él, así que el pobre no sabía cómo abordarla. Era poco hablador en general, así que con ella hablaba más bien nada. A él le gustaba, sobre todo,  mirarla cuando ella no se daba cuenta, como cuando jugaba a palas, tan concentrada que no notaba cómo él observaba cada uno de sus movimientos desde lejos, como si quisiera memorizarla.

Había un motivo de peso por el que ella no le prestaba atención: una de las amigas que tenían en común estaba enamorada de él. Para Julieta, algo insalvable. Romeo era el amor platónico de su amiga, así que eso bloqueaba cualquier posibilidad. La amistad estaba por encima de un #amordeverano. Aunque lo veía guapo. Era miope, no ciega.

Tras ese primer verano, hubo varios más, pero todos con el mismo patrón: siempre se veían en grupo, la amiga seguía enamorada de Romeo y él,  de Julieta. Ni ella ni Romeo eran correspondidos. Y Julieta, a lo suyo, sin enterarse. Hasta que dejaron de verse. Por suerte y a pesar de su timidez, Romeo le pidió el teléfono a Julieta en algún momento del último verano que se vieron...












viernes, 18 de agosto de 2017

ATURDIMIENTO


Aunque es difícil encontrar las palabras para describir cómo nos sentimos hoy, tras los atentados de ayer en Barcelona, hoy me siento profundamente aturdida. Esa sería la palabra.

Me enteré de lo ocurrido por un  tuit de los Mossos que hablaba de un atropello masivo en La Rambla. Puse el televisor y no podía dar crédito a lo que estaba viendo y oyendo. Y a pesar de estar viéndolo, no podía creerlo. Al principio hubo minutos de desconcierto, pero las sirenas insistían en recordarme que se trataba de algo grave. Me pasé toda la tarde pegada a la tv, canalizando el dolor como podía. Como todos.

Por la noche las sirenas cesaron y la ciudad se quedó muda. Muda y, sobre todo, triste. Me fui a dormir en estado de shock e incredulidad, intentando entender lo que había pasado. Aunque lo explicaban una y otra vez e incluso, lo enseñaban, no era capaz de asimilarlo.

Sigo en shock y profundamente impactada, nunca había entendido el significado de la palabra aturdimiento hasta hoy. Así es como me he levantado esta mañana: sin ganas de hablar con nadie, sin ganas de nada, como si me hubieran pegado una paliza.  Y eso es lo que han hecho con todos nosotros: darnos una paliza, atropellar nuestras libertades y nuestro estilo de vida, matar personas que disfrutaban de sus vacaciones en una de las ciudades más turísticas del mundo que, casualmente, es la mía. Y matar niños. MATAR NIÑOS. ¿Cómo vamos a sonreír ahora? ¿Qué se espera de nosotros? ¿Que hagamos como si nada?

Esta mañana he tenido algunas respuestas: el grito de NO TENIM POR tras el minuto de silencio, las infinitas muestras de unión y solidaridad hacen que me me sienta muy orgullosa de mis conciudadanos y las muestras de amor que nos llegan de todas partes hacen que me sienta muy agradecida. Ver la movilización de todos, sin excepción, es lo único que me puede reconfortar. También la imagen de nuestros políticos unidos, aunque cabe la posibilidad que haya sido solo un espejismo. Confiemos en que no.

Se ha demostrado. una vez más, que unidos somos imparables. Hay esperanza, pues. Los indeseables que nos quieren destruir no merecen empatía ni comprensión. No sé cómo, pero hay que combatirlos. Y tendrá que ser todos juntos. Hablando se entiende la gente, pero no la gentuza. Menos retórica y más mano dura. Por suerte, los hay que trabajan para protegernos y lo hacen de manera extraordinaria, como ha quedado demostrado. Muchas gracias a ellos también desde aquí.

Barcelona es una ciudad feliz, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo. Llena de luz y de vida. Llena de gente con ganas de vivir. Podrán matarnos a todos, uno a uno si quieren, pero nunca podrán acabar con ella ni matar nuestras ganas de vivir.

Visc a Barcelona.
VISCA BARCELONA.




















martes, 13 de junio de 2017

SIN FILTRO

En la era de los filtros, unos tanto y otros tan poco. Me explico: tantos filtros que aplicáis en vuestras fotos de Instagram, por ejemplo, y tan pocos que aplicáis en la vida. No está compensado.

Hay cosas que nunca deberían pasar de moda. Que no son cosas, en realidad. En este caso, me refiero al pudor. ¿Dónde ha ido a parar? ¿Qué fue de él? Con la aparición de las redes sociales, se hace más evidente que está en peligro de extinción. Es urgente que vuelva, hay que recuperarlo como sea. Al mismo tiempo que el exhibicionismo debería pasar a mejor vida, a ser posible para siempre.

Abro Facebook y me encuentro desde el ramo de flores de un muerto, al vídeo de un parto de unos padres primerizos. Esos serían casos extremos de falta de pudor, pero no los únicos. Hay otros en el mundo real, como la típica vecina que cuando te la cruzas un lunes cualquiera y le preguntas cómo va todo (pregunta trámite) te contesta que ha cambiado de psiquiatra y le han cambiado la medicación. La otra te cuenta que el marido le pone los cuernos y que ya está harta.  O la compañera de zumba, que cuando le preguntas qué tal el finde y esperas que te responda “muy bien, gracias, ¿y el tuyo?” te responde con quién se ha acostado, lo bien que canta su hermana, y no solo te lo dice sino que te hace escuchar el audio de 3’ y también te enseña un vídeo de lo bien que juega al tenis su sobrino de 5 años. PLASTAS. Eso es de plasta.

La falta de pudor no viene sola, por desgracia. Se mezcla con exhibicionismo y mala educación. ¿De verdad me tengo que comer un vídeo de un crío de 5 años al que ni siquiera conozco? Yo creo que no, pero lo hago por educación. Que yo sí la tengo.

Luego están los plastas VIP, los famosos, vaya. Me viene a la mente una pareja que se acaba de casar, que no hacen más que publicar y republicar lo mucho que se quieren y otros mensajes ridículos que venden al peso. De verdad, ¿no se pueden querer sin dar la brasa #toelrrato? Y sobre todo, ¿no se lo pueden  decir en casa, sin nadie delante? Llamadme romántica, pero eso me parece una banalización del amor. O sea, que además de impúdicos, son vulgares.

El absurdo continúa con pies descalzos en la playa, selfies en el gimnasio y en el ascensor poniendo morritos (¿?) y leyendo libros de autoayuda en plena naturaleza. A ver, yo creo que un selfie pisando la luna o con Madonna es algo para compartir, pero lo del selfie en el ascensor me gustaría que os lo replantearais, en serio. Hasta hace poco, también habría servido un selfie en la cima del Everest, pero ya no, que últimamente sube cualquiera a la pata coja. Y otra cosa: menos leer libros de autoayuda y más hacer el bien al prójimo.

Y si no se os ocurre cómo hacer el bien, empezad por filtrar.


Que con eso ya tenemos mucho ganado.

jueves, 1 de junio de 2017

POR CAJONES


El cajón de los calcetines, el cajón de las corbatas, el cajón de las facturas….Así es como clasificamos y guardamos nuestras cosas. Y es muy importante que cada cosa esté en su sitio, más de lo que pensamos. De hecho, una clasificación errónea solo causa confusión y frustración.

Y ojalá solo pasara con cosas, pero también pasa con personas, ahí es donde se complica el tema.

Por ejemplo, conocemos a alguien que nos encanta, tenemos un flechazo y lo guardamos en el cajón de “el amor de mi vida”. Con el tiempo vemos que nos hemos equivocado, pero nos negamos a cambiarlo de cajón. A veces incluso lo cerramos con llave. ¡Como si eso salvaguardara nuestra decisión!

También nos pasa con amigos. El cajón de “mejores amigos” no puede estar muy lleno, pero a veces insistimos con alguien que no merece estar en ese cajón: alguien que nos decepciona una y otra vez, que hiere nuestros sentimientos y al que seguimos dando oportunidades. Alguien así debería estar en el cajón de “conocidos”, que ahí cabe más gente.

El cajón de la familia merece mención aparte. Es uno de los más preciados para nosotros. La familia es, o debería ser, ese entorno que nos quiere, nos cuida y nos protege. Y no siempre es así. Por suerte, hay amigos que desempeñan esa función.

En los tres casos, solo hay una solución: aceptar que nos hemos equivocado y cambiarlos de cajón. Sin dramas. La mayoría de nuestras tristezas vienen por esos desajustes. En lugar de reordenar los cajones, los vemos como algo inamovible, nos aferramos a esa clasificación porque es LA NUESTRA, porque la hemos respetado durante años, porque no queremos alterar el orden establecido…..

Si hay algo que nos enseña la vida, es que nada es para siempre. La única constante es el cambio. Así que deberíamos revisar nuestros cajones de vez en cuando, sacar de aquí para meter allí y entender que cualquier cambio es reversible. Que la vida es cambiante y nosotros también, así que aceptemos el cambio y evolucionemos con él.

Y si no queréis hacerlo como lo digo yo, hacedlo por cajones.



viernes, 17 de marzo de 2017

STOP ANGLICISMOS

¿Os imagináis un lugar donde nadie habla inglés correctamente, pero se utilizan anglicismos a diestro y siniestro para molar? ¿Es posible que alguien que no sepa inglés utilice anglicismos como si lo hablara? ¿Se puede ser tan ridículo? Sí, se puede.

Ahora, los mamarrachos de toda la vida, por ejemplo, se llaman hipsters. ¡Madre mía con el palabro! Aunque no hay dudas sobre su origen: hipster = hippie + hamster.

Están por todas partes. Y no me refiero a los hipsters, sino a los palabros. Si por ejemplo estás pensando en dejar de ser single para casarte, tienes que contratar a un wedding-planner para que lo organice, a un welcomer para recibir a los invitados, preguntar a un influencer sobre menús de moda, que puede ser un brunch pero no fast-food ni un self-service,  y tener un barman para preparar gintonics (al parecer, ya nadie bebe otra cosa). Eso sí,  con más aderezo que Sara Montiel en sus mejores tiempos. El gintonic, no el barman.

Si en cambio, te invitan a una boda, tienes que estar atento cuando recibas la invitación con el Save The Date, porque ahí te dirán el dress-code. En cuanto lo sepas, puedes ir de compras con tu personal shopper. Te asesorará sobre lo más trendy y lo que está off-season. A los novios les puedes regalar una Smart TV o cualquier otro gadget.

Antes de ir de compras, mejor te pones en forma yendo al gym: puedes optar por fitness, cycling, body-pump o crossfit. Si no tienes ni idea, que te lo explique un personal trainer.

Pero si lo que quieres es montar tu propia empresa , que ahora se llaman start-ups, vas a necesitar un headhunter que te encuentre un buen marketer, un brand manager, un web designer y deberás crear un business plan. También deberás asistir a cursos de branding, coaching, naming y workshops. Si no se te ocurre nombre para la empresa, nada mejor que una sesión de brainstorming. Y como, buen empresario, no te debe faltar un iPhone, un iPad, ni una Tablet.

Y no acaba ahí vuestro ridículo, no, Ojalá. Llamáis a vuestros hijos Dylan, Kevin, Jonathan (pronúnciese Yónatang), Jennifer, Brandon cuando se apellidan García, González o Pérez. Y claro, luego salen combinaciones imposibles como Maverick Viñales. No me imagino que alguien de Wisconsin llame Paco a su hijo, por ejemplo. Será que allí no son cool como vosotros.

Ridículos, que sois unos ridículos.            

Y ahora, llamadme hater si queréis.










martes, 7 de marzo de 2017

EL POSTUREO DE PAULA VÁZQUEZ



Vaya por delante que no solo no tengo nada en contra de Paula Vázquez, sino que me parece una buena presentadora y además me cae simpática, aun sin conocerla personalmente.

Dicho esto, me gustaría comentar la reciente polémica en la que se ha visto envuelta. Aunque, en realidad, no es muy diferente de las anteriores: en su última aparición pública su evidente transformación física fue lo que más llamó la atención, lo que más comentarios suscitó y, por lo tanto, lo que causó su indignación.

Según ella, solo se habla de su físico, de si se ha operado esto o aquello, pero nunca se habla de ella como profesional. Y no le falta razón. Aunque a decir verdad, sí que se ha operado de esto, de aquello y de lo de más allá: pecho, nariz y pómulos, además de botox a discreción y varios cambios de dentadura. De lo que se podría deducir que la primera que pone el foco en su físico es ella. Y lo entiendo, pues vive de su imagen y ha aceptado las reglas del juego: esas que dicen que para trabajar en la tv hay que ser joven y guapa, delgada pero con tetas grandes y no tener reparos en enseñar carne.

A mí me parece estupendo que se opere de lo que le dé la gana, solo faltaría. Sobre todo, si ella considera que es para mejorar, lo cual es opinable a estas alturas de la película, pues ya no la reconocen ni en su casa. Lo que no me parece tan bien es que se queje de los comentarios sobre su físico.  Le parecen machistas y sexistas. Y ciertamente lo son, pero la primera que se exhibe como sex-symbol es ella, así que agradeceríamos que en su próxima operación le redujeran un poco la susceptibilidad y le aumentaran la coherencia.

Por no hablar de su publicación del 14 de febrero en Instagram, que no hizo más que completar mi estupefacción. Decía así:  “Si mando un par de pantallazos dejo a más de uno sin 14 de febrero”. No hace falta saber leer entre líneas para entender lo que quiere decir. 

Pues eso Paula, que no somos rubios.